viernes, 17 de abril de 2009

 

 Hace un tiempo,en uno de esos pueblos cerca del mar,vivía
un anciano llamado Eladio.

No era hombre de muchas palabras pero gozaba del respeto
de la gente del lugar,y disfrutaba también de la amistad de
unos muchachos,a los cuales,encandilaba con viejos relatos
sobre amores lejanos que tuvo cuando marinero,viajes a is-
las de animales extraños,leyendas de luna y mar.
Era ya entrado en años y hacía unos cuantos que había deja-
do de faenar,estaba delgado y una barba blanca poco espesa
poblaba su afable rostro marino curtido por el salitre.
Había crecido
una fuerte amistad entre el viejo marinero y
los chicos,sobre todo con Roseta,llamada así por los gracio-
sos círculos rosa que decoraban sus regordetas mejillas.
Su verdadero nombre era Ana maría,llamada así sólo por sus

familiares.
Luego estaba Marta,un poco más alta que Ana y con el mismo
color de pelo,rubio maíz,seguían Juan y Pablo,delgados como
cañas y morenos de cabellera,sólo restaba Jesús,el más alto de
todos ellos y el más callado.
Eladio hacía las veces de abuelo,padre y sobre todo de ...amigo.
Todas las tardes a la salida del colegio,los muchachos,todos
de la misma edad,todos del mismo barrio,acudían a la casa del
anciano pescador a esc
uchar una de sus maravillosas historias
mientras zampaban con gusto la merienda que éste preparaba.

_¿Toc,toc,toc,toc!,_llamaron a la puerta.
Eladio abrió.

_¡Hola abuelo!,_dijo Ana maría contenta.Era siempre la prime-
ra en llegar.
_!Hola princesa!,_exclamó el anciano sonriente.
La amistad entre ambos era especial,Roseta era graciosa,diver-
tida,pero sobre todo frágil y sensible.
_¿Qué hay para merendar hoy?
,_dijo ansiosa la chiquilla.
_¡Vaya,parece que vienes con hambre eh!,_dijo bromeando Ela-
dio.
Si hay algo aparte de lo ya dicho que destacaba en Roseta era su
  vorazapetito y su golosidad.

-¡Es que tus meriendas son muy ricas abuelo!,_explicó de forma
graciosa la chiquilla.
_¡Jajajaja....anda pasa!,_dijo riendo divertido Eladio.
_Los demás no tardarán en llegar,_añadió.
En efecto,a lo poco,los demás habían llegado,mientras,Roseta ya
tenía media merienda en la barriga.

_¡Ana Maríaaa!,amonestaban de forma simpática a la niña por no
esperarles,como siempre.Rieron al verla con la nariz y la boca prin
gadas de crema de cacao,siendo alternada con un gran vaso de le-
che.
A Eladio le conocieron una tarde de lluvia.Cuando regresaban del
colegio se encontraron un perrito,estaba tendido en el suelo,sin a-
penas moverse,gimoteando.Le habían atropellado.
_¡Pobrecito,le han atropellado!,_exclamó apenada Roseta.
_¡Tenemos que llevarlo al veterinário chicos!,_añadió con angus-
tia.
_¡Sí,deprisa vamos!,_dijo Jesús.

Entre todos y con mucho cuidado levantaron al perro del suelo y lo
llevaron a toda prisa al hospital de los animales.
Los chavales maldijeron al causante de tal barbaridad.

Allí lo atendieron de buen grado,pues el veterinario era tío de Je-
sús.Por fortuna sólo tenía una pata rota y unas cuantas magulladu-
ras,le enyesaron la fractura.
_¡Bueno chavales,por suerte no es nada que no cure un poco de ca-
riño y descanso,_dijo el tío de Jesús,Carmelo.
_Por cierto,¿de quien es el perro?,_preguntó Carmelo a todos en ge
neral.

Entre los cinco le explicaron el hallazgo al salir del cole.
_Habéis echo bien en traerlo,el pobre habría muerto,_dijo el tío de
Jesús contento de su acción.

Roseta preguntó que sería del animal una vez curado,a lo que Car-
melo respondió que lo mandarían a la perrera hasta que alguien lo
quisiera adoptar.Roseta estaba pensando en adoptarlo ella misma,
con la aprobación de sus padres claro,de momento no dijo nada.
Se despidieron quedando en volver por la tarde para ver al animal.
_¡Hasta luego doctor!,_dijeron todos a la vez.
_¡Hasta luego chicos!,_dijo Carmelo.

Después de comer,al regresar al colegio,le contaron lo sucedido al
maestro,Teo,y éste se sintió orgulloso de tenerlos como alumnos.
Cerca de salir,cuando estaban recogiendo,Teo les llamó;_¡chicos
acercaros un momento!.
Los chavales obedecieron.
_Acabo de acordarme de quien puede ser su dueño y tal vez lo eche
en falta,tendríais que ir a decírselo,_dijo Teo.
_¡Sí,tendríamos que ir a contárselo,estará preocupado!,_dijo Ro-
seta animadamente,aunque un poco triste al desvanecerse la idea
de la adopción.

El supuesto dueño del animal no era otro según creía Teo que Ela-
dio,el viejo marinero,pues era el único del que él tenía noticias que
vivía con un perro de ese tamaño.

Era bonito y gracioso,no dejaba de ser un buen perro,un buen ami-
go,Roseta y él tenían algo en común;su color de pelo.
Nada más salir de clase se dirigieron a la casa del viejo marinero,u-
na vez que le explicaron el suceso el hombre dijo a los chavales que
le acompañaran a la veterinaria.
El animal estaba en un pequeño habitáculo,semidormido.Al ver
entrar a los chicos de reojo levantó un tanto aturdido aún la cabe-
za y medio levantó las orejas,como habiéndolos reconocido.Pero
cuando oyó la voz de su amo estalló en alegría.
_¡Pirata,viejo amigo,¿dónde te metiste?,_dijo el hombre cariñosa-
mente.
Por respuesta gemidos.

Eladio se acercó al animal y lo acarició,en respuesta el perro lamió
el rostro de su amo.
Desde entonces se forjó una gran amistad entre los siete.
Roseta fue la que más se encariñó con el perrillo,le traía huesos,le
mimaba y se divertían juntos siempre que podían.
Irremediablemente llegó lo inevitable,"pirata" murió pero de viejo.
No sin antes haber reído y disfrutado hasta el último de sus días.
Roseta como os figuraréis fue la que más en sentirlo.Le dedicaron
una pequeña ceremonia en el patio de la casa de Eladio,incluso to-
dos llevaron unas flores y le dedicaron unas palabras.
Roseta le trajo un hueso,diciendo que podría tener hambre durante
la noche,la niña lloraba,ya no volvería a jugar más con su amigo,ya
no volvería a pelear más por el
último trozo de pastel de la merien-
da,no lamería nunca más sus sonrosadas mejillas,ya no.
Habían echo un pequeño hoyo en la tierra,y fue allí donde deposi-
taron el cuerpo de "pirata",fue allí donde clavaron una cruz deco-
rada por la misma Roseta,ayudada por Marta.
_¿Irá al cielo abuelo?,_había preguntado intrigada.
_¡Claro que sí princesa,irá....al cielo de los perros seguramente!,_le
respondió Eladio tranquilizador,_estará bien,_añadió.
Una niña de diez años improbablemente pueda entender el signifi-
cado estricto de la muerte.

A la tarde siguiente estuvieron rememorando las mil y una aventu-
ras que habían corrido junto a "Pirata".Estuvieron viendo fotos que
el abuelo sacó y en las que aparecía con todos y cada uno de ellos.
Esa y la tarde siguiente no hubo historias,apenas tampoco merien-
da,la tristeza quitaba el apetito,incluso a Roseta.
Todas las tardes,a la salida del colegio,Roseta,como siempre la pri
mera en llegar,solía irse derecha al patio del abuelo donde estaba
enterrado el perro,le depositaba unas flores y uno de sus huesos fa-
voritos mientras decía en voz alta,como si la pudiese escuchar;_¡Ho
la "Pirata"!,¡he traído uno
de tus huesos favoritos,no quiero que pa-
ses hambre en el cielo!,¿sabes?,te echo mucho de menos amigo,_las
lágrimas mojaban sus mejillas.
Luego llegaban los demás y presenciaban la escena con asomo de tris
teza en sus caras.
_Él me escucha,¿verdad abuelo?,_dijo Roseta inocente.
_¡Claro que sí princesa....seguro cariño!,_respondió Eladio.
Poco a poco todo fue volviendo a ser normal,las meriendas,las his-
tórias,pero las flores y el hueso diario nunca faltaban en la pequeña
tumba de "Pirata".

Sólo Eladio se percató de algo extraño,bastante extraño.Al reponer
las flores ya usadas del día anterior,Roseta las echaba a la basura,
pero de los huesos no había ningún rastro,nunca los vio en el cubo
de la basura.Por su mente rondó una estremecedora duda sin respu-
esta,_¿podría ser posible que....?,_no,no podía ser se dijo a si mismo.
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Ya eran las cinco y cuarto,era muy raro que Roseta no hubiera llama
do ya a la puerta.

Al poco rato llamaron,Eladio fue a abrir.En efecto,eran los chicos pe-
ro la chiquilla no estaba con ellos.
__¿Habéis visto a Roseta?,¿no ha venido con vosotros?,_preguntó el
anciano preocupadamente.
Fué Marta quien dijo;_está enferma abuelo,no ha ido al colegio en to-
do el día._

_¡Podríamos ir a verla!,_dijo Pablo animadamente.
_¡Sí,vayamos,se alegrará de vernos!,_agregó Juan.
_Es cierto chicos,¡vayamos a verla!,_confirmó Eladio.
Se dirigieron todos juntos hacia la casa de Ana maría,la chiquilla se
alegraría de verles,sería bueno para ella,la levantaría el ánimo.
Eladio llamó a la puerta con la aldaba,al no ver asomo de abrirse lo
hizo con más insistencia.Al fin se abrió.
En el umbral apareció un rostro desconocido para todos,era una mu-
jer joven y....guapa.

Un tanto sorprendida preguntó;_¿sí?.
_Lamentamos molestarla señora,sólo veníamos a ver a Ana maría,los
chicos dicen que no ha ido al colegio por encontrarse enferma,_dijo
Eladio.
_Desde anoche empezó a encontrarse mal,tenía mucha fiebre acom-
pañada de vómitos.Sus padres la llevaron al hospital,_dijo la joven.
_¡Pero si ayer estaba tan bien!,_dijo Marta entristecida.
_Vaya,pobre Ana,_dijo el anciano añadiendo intrigado;_por cierto,
¿quién es usted?,si me permite la pregunta_.
_Soy su tía Lenora señor...
._.
_eeeh Eladio señora,un buen amigo de su sobrina,y éstos muchachos
son sus compañeros de colegio,todas las tardes solemos reunirnos y
merendar todos juntos,nos dejó preocupados la falta de la chiquilla,
sólo eso.No suele perderse ninguna de mis meriendas,_explicó Ela-
dio.
_¡Ah sí,usted debe de ser el viejo marinero!mi sobrina me ha hablado
mucho de usted,sobre todo de sus meriendas,lamento conocerle en
éstas circunstancias,_dijo la agradable mujer.
_Si bueno,¿le parecerá mal a su familia que nos acerquemos a visitar-
la?,a mí y a los chicos nos gustaría,_preguntó.
_Por supuesto que pueden ir,será una agradable sorpresa para ella,le
hará bien,_dijo amable Lenora.

_Gracias señora por atendernos,es muy amable,¡buenas tardes!,_se
despidió el anciano.
_¡Buenas tardes señora!,_dijeron al unísono los muchachos.
_No hay de qué,gracias por venir y llámeme Lenora,¡buenas tardes!,_
dijo la mujer complacida ante la visita y cerrando la puerta de nuevo.
El hospital quedaba algo lejos,en las afueras,así que Eladio decidió ir
a por la furgoneta,así llegarían más rápido.
Nada más llegar se dirigieron a recepción,allí les dijeron que subieran
a la planta superior,preguntaron a una enfermera y ésta les dijo que
fueran a la sala de espera donde se encontraban los padres en esos
momentos.

Había dos hombres paseando de un lado a otro por la estancia,senta-
das estaban dos mujeres,una joven y otra ya mayor.Uno de los hom-
bres parecía nervioso,Eladio supuso que sería el padre de la niña,pu-
es se le daba un aire.
_Buenas tardes señor....,_dijo Eladio dirigiéndose a él.
_¡Belardo!,_respondió confundido el hombre,_¿y usted quien es?,_
preguntó extrañado.Lo cierto era que le resultaba familiar.
_Me llamo Eladio y hasta ahora no habíamos tenido ocasión de ha-
blar personalmente,soy el viejo marinero y éstos chicos sus compañe-
ros de clase.Sólo veníamos a ver a su hija Ana maría.Saber como está.
_¡Ah sí!,Ana habla muc
ho de usted.Le agradezco su visita,Ana le tiene
mucho en aprecio,incluso como un verdadero abuelo,_dijo el padre
de Roseta.
_¡Oh,no es nada!,todos la apreciamos,es una niña que se hace querer.
¿Se encuentra bien?,¿podríamos verla?,_preguntó preocupadamente
Eladio.
_Bueno....de momento han dicho que debe reposar absolutamente,to-
davía no saben lo que pueda ser,aunque la fiebre ha disminuido.Esta-
mos realmente preocupados,nunca había estado enferma de éste mo-
do,la verdad es que nos asustó,_dijo apenado Belardo.
_Seguramente no sea nada,Ana maría es fuerte,_dijo convencido Ela-
dio.

_¡Cariño!,éste señor es de quien nos ha hablado tanto Ana,_Belardo se
dirigió a la mujer que estaba sentada a pocos metros de donde estaban,
con la mirada distante y preocupación en su rostro.Se puso de pie.
_Señora....Eladio para servirla,_dijo cortés el anciano estrechando una
de sus manos.
_Vaya....me alegro de conocerle aunque lamento que en estas circuns-
táncias....llámeme María,_dijo la mujer,se la veía cansada.
_Bueno,siendo así no les molestaremos más,querrán estar solos,_dijo
un poco decepcionado Eladio.

_¡Oh no,pueden quedarse si quieren,_dijo la mujer.
_Bueno....lo haríamos pero la verdad es que es un poco tarde ya,los chi-
cos deben regresar a sus casas,a sus padres podría preocuparles la tar-
danza.Será mejor que volvamos mañana,con su permiso,_afirmó Eladio.
_Como quiera.Pueden venir cuando quieran usted y los chicos,faltaría
más,_dijo María.
_Bien,en ese caso hasta mañana,_dijo amablemente Eladio.
_¡Hasta mañana!,_dijeron los chicos.Aunque no hablaron en toda la
conversación,no perdieron detalle de ella.
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Como dijera el viejo marinero,a la tarde siguiente,a la salida del cole-
gio de los muchachos se dirigieron de nuevo al hospital.
Como el día anterior,en la sala de espera encontraron a los padres de
Roseta.Se les veía afligidos,cansados,con ojeras.Seguramente,como él,
tampoco habían podido dormir.
Estuvieron hablando largo rato,había malas noticias.Inexplicablemen-
te Roseta había empeorado.Ahora se hallaba sumida en una especie de
coma leve debido a la extraña fiebre.


La habían trasladado a una habitación de observación,desde donde trás
un cristal se la podía ver.Eladio se acercó al ventanal de vidrio,los chicos
le siguieron.Sus ojos se encontraron con la figura postrada de la niña.
Seguía teniendo ese gracioso color roseta en sus mejillas,parecía estar
dormida.Sintió un nudo en la garganta,sintió ese dolor que ahoga cuando
invade la pena,la impotencia.No pudo evitarlo,la imagen de Roseta con la
cara embadurnada de chocolate,jugando con "Pirata",riendo,hicieron que
las lágrimas rodaran rápidas por su anciano rostro,por la de todos.
_¿No se irá a morir verdad abuelo?,¿verdad que no?,_había sido Marta
quien entre sollozos hizo las preguntas.
El abuelo se esforzó en contestar,tragó saliva,se esforzó;
_¡No!,¡claro que no!,¡por supuesto que no!,_dijo apretando los nudillos.
Ya tarde regresaron a casa.El abuelo fue dejando uno por uno a los cha-
vales en la puerta de sus casas.Quedaron a la tarde siguiente.
Dejó la furgoneta aparcada en la parte de atrás,al lado del patio.No po-
día creerse que aquella chiquilla tan llena de vida hacía un par de días
atrás estuviera en aquella situación.No podía dejar de pensar en ella.
Al pasar junto a la pequeña tumba de "Pirata" se detuvo.
Estuvo observándola,Ana maría había puesto algunas fotos pegadas con
chinchetas a lo largo de la cruz,en una se veía a la pequeña arrodillada
y abrazada al querido animal,sonriente,feliz.No pudo evitar las lágri-
mas,éstas cayeron sobre la tierra que cubría el cuerpo del perro.
El anciano no se percató de que aquellas lágrimas se hundían y desa-
parecían en la pequeña tumba,como engullidas.
Se hallaba arrodillado,con la cabeza gacha,con las manos en forma de
puños sobre sus rodillas,con impotencia.
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Mientras tanto,en el hospital,ningún médico apostaba por la vida de la
pequeña,sin duda,la extraña enfermedad que la consumía era total-
mente desconocida.Aunque nada vital parecía estar afectado en ella,
pues se la veía así,como dormida,se la llevaba muy deprisa.
El doctor Bernardo no daba crédito al caso,parecía como si fuera una
bombilla que estuviera apagándose,acabándose.Le habían echo toda
clase de pruebas,de haberlas y por haber,y el resultado era siempre nu-
lo,excepto que su cuerpo se quedaba sin energía.Era el primer caso que
tenía en sus manos en su larga carrera como médico,más nunca había
oído hablar de nada parecido.Había pedido la colaboración de colegas
expertos en extrañas enfermedades,pero ni ellos mismos sabían de lo
que se trataba.Lástima,era una chiquilla tan joven....tan graciosa,inclu-
so él sintió un nudo en la garganta.Todo esto lo meditaba mientras ob-
servaba a la niña tras el cristal.Pero no debía desistir,tampoco quería
preocupar más a sus padres diciéndoles la verdad,los pobres ya sufrían
demasiado,mejor esperaría hasta el último momento,quien sabe,a lo
mejor se producía un milagro.
_¡Lástima!._se dijo,luego se perdió por los pasillos.
Bien entrada la madrugada,nadie se percató de la débil y pequeña som-
bra que se deslizaba por el pasillo en dirección a la habitación de Rose-
ta,y traspasaba la puerta sin dificultad alguna,ni siquiera la enfermera
de guardia,más pendiente de la revista que ojeaba que otra cosa.
Tampoco se percató del pequeño pero intenso fulgor que iluminó unos
segundos la ventana acristalada de la habitación donde se encontraba
Ana maría.
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Eladio al fin había terminado por acostarse,aunque no pudiera dormir
al menos descansaría.Vencido acabó por dormirse.
El sol bañaba su ventana cuando el viejo marinero abrió los ojos,no le
gustaba dormir con la persiana totalmente echada,prefería ver la ma-
ñana al despertar desde el lecho,le parecía una bonita forma de empe-
zar el nuevo día.
Todas las mañanas al levantarse,tras desayunar,solía hacer su ejerci-
cio diario.Consistía en dar un largo paseo por el pueblo,le gustaba an-
dar,aquella mañana hizo lo mismo.
Sobre mediodía regresó a la casa donde preparó algo de comer.salió al
patio y....que extraño,la tierra donde reposaba "Pirata" estaba removi-
da,como si algo hubiera,_¿salido de ella?,¡no!,¡no podía ser!,pero....,_
se preguntó y respondió a si mismo.Las fotos....faltaba una,aquella en
la que Roseta abrazaba al animal con todo el cariño del mundo.
Aquello era muy extraño,dijo para sí mismo.Lo cierto era que se le ha-
bía pasado el hambre.
Se dirigió a la cocina,se preparó un café cargado.Lo necesitaba.Luego
fué al salón y se sentó en su sitio favorito,sobre todo para la lectura,le
gustaba disfrutar de ella a la menor ocasión,se trataba de un viejo si-
llón acolchado que compró hacía un tiempo en la ciudad vecina.Se pu-
so a meditar.Los chicos aún tardarían un buen rato,si tenía suerte po-
dría echar una cabezada,aunque dudaba de ello.
Pasó un rato y....
_¡Toc,toc,toc,toc!,_llamaban a la puerta.
Eladio despertó sobresaltado,se había quedado dormido,estaban llaman
do,¿quién sería?,¿qué hora era?,la segunda pregunta la averiguó con ra-
pidéz,¡eran las cinco y diez!.No podían ser los chicos,ellos solían llegar
pasada la media,sólo había alguien que.....¡Por todos los santos!,¡era po-
sible que....mi niña....
Preso de los nervios corrió a abrir.Al hacerlo se quedó mudo,era....
¡Hola abuelo!,"Pirata" vino a verme,dijo que me echabas de menos,_dijo
la chiquilla de forma inocente.Sí,era ella,con sus graciosas rosetas en las
mejillas,con su gracia.Sin poderlo evitar la abrazó y la levantó del suelo
mientras la estrechaba contra su pecho repitiendo una y otra vez;_¡Rose
ta,mi pequeña princesa!.La niña sujetaba en una de sus manos una foto-
grafia con marcas de dientes,dientes afilados. El viejo marinero lloraba como un chiquillo,recordó con claridad
lo que el extraño hombre que le regaló al entonces cachorro "Pira
ta" le había dicho;_"recogerás de su corazón el amor que hayas sembra-
do en él,pues así como lo trates te lo agradecerá"._

(SÓLO EXISTE ALGO TAN GRANDE Y PODEROSO
COMO EL AMOR:LA VERDADERA AMISTAD)
Patxi

4 comentarios:

Gara dijo...

(SÓLO EXISTE ALGO TAN GRANDE Y PODEROSO
COMO EL AMOR:LA VERDADERA AMISTAD)

Coincido totalmente contigo,magnifica historia.

Besos

patxi dijo...

Gracias por pasarte Gara,un placer recibirte.
Besos y abrazos....eternos.

Reina dijo...

Gracias Patxi por pasearte en mi espacio; prometo volver yo también, con más tiempo, pues ahora es tarde, tengo sueño y creo que esta historia de Eladio y Roseta merece más atención de la que me permite el cansancio. Un beso

patxi dijo...

Lo entiendo reina,a mi me pasa que como no dispongo casi tiempo entre el día trasnocho sin darme cuenta,
(me refiero al ordenador,subir algo nuevo,visitar nuevos posts amigos...)
Pero bueno,creo que vale la pena si es lo que a uno le gusta.
Saludos y gracias por pasarte.